No te pares

Buenos días,

ya es Viernes y estamos a las puertas del fin de semana y del mes de Febrero. ¡Y qué frio, me cachis! Para entrar en calor (o acabar de quedaros congelados :-P) os dejo este relato, espero que os guste. ¡Feliz Viernes!

No te pares

Me detengo un momento, posando durante unos segundos mis manos sobre mis rodillas, solo para coger algo de aire y continuar huyendo de mis captores. No puedo alcanzar a verles, pero intuyo que están cerca, soy su preso y no me van a dejar escapar tan fácilmente. Sin dejar de correr, intento recordar cómo he llegado a estar en esta situación, pero no alcanzo a recordar más allá del momento en que he despertado atado a la cama de un viejo y abandonado hospital. He conseguido deshacerme de las cuerdas que me maniataban manos y pies, abandonar el edificio y salir huyendo descalzo. Llevo puesto una horrible bata de enfermo, y mi cuerpo huele a rancio y sucio. No tengo ni la menor idea de cuanto tiempo llevaba secuestrado, pues antes de salir he visto en un espejo mi cara demacrada y una incipiente barba que no tenía. Me he adentrado en el descampado que había tras el hospital, y esta anocheciendo. Tengo la sensación que es un huida contrarreloj y que me queda poco tiempo para salir de ahí con vida. Absorto en mis pensamientos, tropiezo con una rama y caigo de bruces al suelo. Oigo unas extrañas voces que se acercan donde yo permanezco caído en el suelo. Intento levantarme pero me cuesta mucho, finalmente haciendo un gran esfuerzo consigo ponerme en pie y echar a correr de nuevo. Veo una fuerte luz blanca fuera del alcance de los altos y tenebrosos arboles que cubren todo el valle. Cuando llego al alto del valle la luz es casi cegadora pero me detengo a tiempo de caer en un precipicio con una altura de unos 100 metros de profundidad. Miro atrás y veo que se acercan a mí las sombras y las figuras alargadas de la gente que me secuestro. Cuando se acercan más a mi posición, un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Hay 4 figuras. No son humanos, eso seguro. Tienen una altura de unos 3 metros, todo su cuerpo parece un grueso fideo negro. Las manos son muy largas, y los pies…casi no tienen pies. Se acercan a mi cada vez más. Echo el pie atrás y casi resbalo y caigo precipicio abajo.  Una de las figuras me hace un gesto inequívoco de que me acerque hacia ellos. Una voz en mi interior me dice que no vaya, que salte. Miro de nuevo abajo y trago saliva. Estoy pensando que saltar es una locura, pero algo en mi me pide a gritos que lo haga, que no me pare. Si me quedo parado me alcanzaran y me llevaran de nuevo con ellos. Una de las figuras ya ha llegado hasta mi posición y me coge el brazo con fuerza. Intenta arrastrarme con fuerza, y decido golpearle con todas mis fuerzas, zafándome de él. Sin pensármelo dos veces, salto al vacío, girando mi cuerpo 180 grados para ver la cara de horror de las figuras que aprietan con rabia sus puños ante mi locura.

Abro los ojos y me encuentro de nuevo en el hospital. Estoy de nuevo atado, ¿o no? Miro bien y veo que no, que estoy conectado a un montón de tubos, pero no estoy atado, no hay ninguna figura extraña y si unos hombres normales y corrientes con batas de doctores. De pie mis padres me miran con lágrimas, pero parecen lágrimas llenas de ilusión. Las pestañas me pesan toneladas, y hacen que mis ojos se cierren y caiga en un profundo sueño.

–        ¿Mama? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy? Acabo de despertar y me encuentro aturdido.

–        Estas en un hospital cariño. Pero tranquilo te pondrás bien hijo mío, me contesta emocionada mi madre.

–        ¿Qué me paso?, pregunto.

–        Te caíste desde un precipicio mi amor, me contesta visiblemente nerviosa al recordarlo. Tienes mucha suerte de estar vivo…eres muy fuerte, añade.

–        Recuerdo que me seguían unas figuras, que yo iba descalzo, me secuestraron, ¿no?

–        Cariño descansa, me dice con suavidad. Nadie te secuestro ni nadie te seguía. Volvías tarde de trabajar y te quedaste dormido al volante. Llevas tres semanas en coma.

–        Tres semanas…me quedo de piedra al escucharlo. Pero…yo…a mi me seguían…yo viví eso, no puede ser…no sé qué decir, que pensar.

–        Aunque es cierto que cuando te sacaron del coche, ibas descalzo, las bambas no las encontraron, me dice algo extrañada, pero en ese momento tú ya estabas inconsciente.

–        Estoy cansado mama, debo confundir cosas, le digo.

–        Descansa, me da un beso en la mejilla y veo como se aleja de la habitación.

–        Creo que por esta vez he escapado de la muerte, digo a la habitación vacía. Creo que si me llego a parar no lo hubiera conseguido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s