Cierra la puerta: Capítulo 2

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PORTADA

El avión inició el descenso a unos 2.300m. de altura, las luces indicaron la obligatoriedad de colocarse el cinturón de seguridad. Habían despegado del Aeropuerto de Dublín a las doce horas de un soleado día de domingo y estaba previsto que aterrizaran a las tres y veinte minutos de la tarde en el Aeropuerto del Prat, en Barcelona. El vuelo había sido de lo más tranquilo, pero justo en el momento de comenzar a descender, el avión se meneó un poco, provocando algún chillido ahogado entre algunos de sus pasajeros. Richard iba sereno, solamente tenía espacio en su mente para pensar en una cosa: Alice.

Una mujer joven, que viajaba a su lado, le agarró del brazo tras una intensa segunda sacudida. Cuando paso, miró a Richard y retiro la mano avergonzada.

—Disculpe, me pone muy nerviosa volar —dijo la joven de ojos azules, que en ese momento parecían a punto de salirse de las cuencas.

—No se preocupe,  —contestó Richard— no creo que caigamos.

—¿No le asusta volar?  —preguntó la joven.

—Antes sí  —le respondió tras unos segundos de reflexión— pero ahora le tengo miedo a otro tipo de cosas.

El avión aterrizó sin mayores sobresaltos en la capital catalana. La chica parecía altamente aliviada, su cara contraída se relajó y Richard pudo percibir que sin ese semblante de angustia, era una chica muy hermosa. Él, en cambio, comenzó a sentir el nerviosismo de estar a punto de iniciar una batalla contra el infierno. Ahora no había marcha atrás. Estaba en la ciudad que abandonó entre lágrimas y desesperación la última vez que la pisó.

Un hombre con el pelo desaliñado, una barba densa y gafas de sol alzó su mano cuando Richard apareció con la maleta. A pesar de su camiseta sucia y grande, la barriga marcaba su territorio. Richard le observó y le costó reconocerlo. <<¿Dónde se ha metido aquel hombre que vestía con elegancia el traje, de sonrisa afable y mirada cercana?, pensó asustado, Richard>>. No había que ser un lince para deducir que el incidente del hotel le había hecho envejecer considerablemente, también a él le había marcado de por vida. Tras sus gafas de sol, las ojeras eran notables.

—Hola, Richard  —saludó con voz cansada.

—Hola, amigo  —contestó él—. ¿Qué tal estas?  —la pregunta fue simple cordialidad.

—Le mentiría si dijera que bien  —respondió con sinceridad—. No dejo de pensar en su mujer, en todo lo que pasó aquel día en el hotel, si pudiera regresar en el tiempo…

—Eso es imposible  —respondió con rotundidad Richard—. Pero en cambio creo que podemos hacer algo para evitar que le pase lo mismo a otra inocente persona, ¿verdad?

Javier asintió con la cabeza. Miró hacia uno de los restaurantes del aeropuerto y le hizo señas para que le acompañara. Cuando se sentaron en la mesa, esperando a que les sirvieran, el ex director del hotel sacó una tarjeta de visita. En ella, aparte de una dirección postal y un teléfono y e-mail de contacto, se podía leer: Fernando Rodríguez. Director General. Hotel Nou Passeig en Barcelona.

—¿Es el mismo Fernando que creo que es?

—No, ese chico se esfumó después de lo sucedido. Creo que cambió de ciudad, quedó también muy afectado. La última vez que le vi fue cuando nos cruzamos en la comisaria, después del último interrogatorio.

Richard comprendió, mirando la cara y los gestos de ese hombre, que ese ser malvado que arrastro a Alice hasta el fondo del armario de esa maldita habitación, no solo se llevo a Alice al interior de las tinieblas, también dejo tocados y casi hundidos a las otras tres personas que vivieron en primera persona ese terrible suceso.

Y después de tres años, alguien con mucho dinero había reformado el edificio y quería reabrir el hotel, con la cara lavada: Sí, con el peligro latente: También. Richard pensó que si hablaba con ese hombre podía conseguir que al menos se planteara seguir con el proyecto, imagino que al presentarse en persona y contarle in situ su historia, conseguiría pararles los pies. Mucho se equivocaba Richard; Fernando, el nuevo director del hotel, estaba a punto de abrir y nada ni nadie podían detenerle. Tampoco el ser que se llevo a Alice tres años antes iba a parar, estaba sediento por llevarse más almas a su rincón oscuro.

PDF: Cierra la Puerta Cap.2

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