Cierra la Puerta: Capítulo 6

6

PORTADA

Despertó de una larga inconsciencia, flotando en un espacio infinito, tenía los ojos cerrados y una extraña y agradable sensación de libertad y de paz. Un penetrante halo de luz blanca inundó el espacio. Abrió los ojos para ver como el resplandor iba ganando en fuerza, potencia e intensidad. Un hombre de un blanco inmaculado, tanto que parecía fundirse con la luz y formar un solo cuerpo, se acerco a él con una mano en alto. Le toco la cabeza y hablo con un tono conciliador, amigable y tranquilizador:

—Amigo, Richard  —pronunció sonriendo, esta sí que era una sonrisa agradable y no la que le había llevado hasta aquí— ya estás en paz, ahora podrás descansar.

Richard sonrió. Se sentía tan cómodo en aquel momento…

—No obstante, hemos considerado advertirte de algo  —Richard torció el gesto, porque tenían que salir más problemas, pensó molesto— tu mujer no está aquí —debió de percibir miedo en su gesto y se apresuró a decir— tranquilo, tampoco está allí —dando por hecho que sabía donde quería decir con “allí”.

—Entonces, ¿Dónde está Alice? —preguntó Richard.

—Perdida. Está en la más absoluta oscuridad. Su alma no será libre nunca, a menos que alguien la rescate. Y solo tú puedes hacerlo. Así que, te pregunto, y eres libre de elegir: ¿Quieres quedarte aquí, descansar y empezar con tu merecida libertad…o quieres intentar liberar el alma de Alice, tu mujer, aunque eso pueda llevarte lejos de aquí, lejos de la paz eterna?

Algo muy fuerte le atraía hacia la luz, cada vez se sentía más atraído por ella, pero…pero Alice era la mujer de su vida, ella dio su vida y su alma por él, evitando que los dos cayeran en aquel pozo negro lleno de oscuridad y almas perdidas. Tenía que salvarla, debía de luchar por rescatarla. Antes de que pudiera contestar, aquel ser divino, como si le hubiera leído la mente, supo su respuesta, y la luz se fue alejando, todo se tornaba de nuevo oscuro, la negrura fue invadiéndole, y de repente sintió que el cuerpo iba ganando peso, cada vez más, y entonces comenzó a caer por el espacio infinito, cada vez más y más rápido, no tenía absolutamente ningún control, empezó a dar vueltas en el aire y de repente…se detuvo.

Despertó sobresaltado, otra luz blanca volvía a cegarle. La claridad entraba con fuerza por la ventana de la habitación. Miró alrededor y se vio conectado a tubos e inyecciones que le salían por diferentes partes del cuerpo. Un brazo amigo le tranquilizo, era su colega Javier.

—Menudo susto nos has dado, amigo —pronunció Javier, después de que el médico que les atendió les transmitiera que la recuperación iba por muy buen camino.

—Se está comunicando conmigo —dijo Richard cuando el médico abandonó la sala. Utiliza a las personas como conducto para acercarse a mí. Sabe que estoy aquí, y sabe que vengo a por Alice.

—¿Cómo puede saberlo? —preguntó temeroso, Javier.

—No lo sé…pero tengo que entrar en ese hotel como sea, he de hallar la manera de recuperar a mi mujer y matar a ese bicho malnacido.

—Tranquilízate, Richard. Ahora debes descansar. Tu hijo y tú os quedaréis en mi casa hasta que te recuperes del todo y después ya pensaremos como resolver esta situación.

—¿Quién has dicho que…

Jhon apareció en la puerta con una barrita de chocolate en una mano y una humeante taza de café en la otra. No podía creerlo. Hacía muchos meses que no le veía. Su hijo se había alejado de él después de lo de Alice, pensó que también a él lo había perdido para siempre. Tenía los mismos ojos azules de su madre, esa mirada tan clarificadora que le recordaba a Alice y, al igual que ella, su valentía para tomar decisiones complicadas.

Richard se sintió rebosante de felicidad al verle, pero rápidamente esa alegría se transformo en miedo al imaginar las consecuencias que aquello podía acarrearle a su hijo. Miro con cara de desaprobación a Javier.

—No me he enterado por él, papa —se apresuró a decir su hijo—. Me llamaron del hospital cuando te ingresaron por el ataque de corazón. Pero le he pedido a Javier que me cuente la verdad…y lo ha hecho. Y si no fuese porque mamá lleva tres meses sin aparecer, si no fuese porque está dentro de mis sueños todos los días desde que se esfumó, no le habría creído. Pero ahora solo me queda una cosa: creer lo increíble. Ya hablaremos de los motivos por los cuales me has ocultado toda esta locura durante todo este tiempo. Ahora solo me interesa una cosa: matar a ese hijo de Satanás y recuperar a mamá.

PDF: Cierra la Puerta Cap.6

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s