Cierra la Puerta: Capítulo 7

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PORTADA

Javier les enseño la habitación de invitados, el minúsculo cuarto que tendrían que compartir hasta que esto acabara, ni padre ni hijo mostraron objeción alguna, a pesar de que hacía tres años que apenas se habían visto y hablado, ahora tendrían que unirse y luchar juntos, aparte de compartir confidencias.

—Ya me pongo yo en la litera de arriba, no quiero que acabes de nuevo en el hospital.

—Chaval, que soy tu padre —dijo golpeándole en el brazo.

Javier mostró su amabilidad al traerles un vaso de leche para cada uno, se retiró a su cuarto y dejó a padre e hijo a solas.

—Hijo, es hora de que hablemos tú y yo. Cuando llegue de Barcelona no te conté la verdad sobre lo que le había sucedido a tu madre por varias razones —Su hijo le miraba expectante, esperando una explicación razonable—. ¿Cómo contarte que tu madre había sido engullida por un extraño y asqueroso ser que se escondía tras el armario de una habitación de hotel? ¡No me hubieras creído en tu vida!

—Tendrías que haberlo intentado al menos…eso no es justificación, papa —le recriminó Jhon.

—Tienes razón, pero no es solo eso, estaba amenazado, hijo. Tú vida corría peligro. Si te lo hubiera contado hubieras movido tierra y cielo en busca de tu madre, te conozco bien.

—Claro que hubiera hecho eso ¿Tú, no? ¿Qué quieres decir con que mi vida corría peligro? —preguntó inquieto.

—Te voy a contar lo que sucedió después de desaparecer tu madre. Pero debo advertirte de que esto, debe quedar entre tú y yo, no puede salir de esta habitación, este secreto deber morir con nosotros —hablaba casi en susurros—. Después de lo sucedido, de ver lo que pasó con mama, yo estaba hundido, desesperado y me sentí totalmente perdido. Después de interrogarme un policía, llegaron unos hombres, decían que eran del ejército, echaron al policía y se quedaron a solas conmigo. Estaba totalmente desconcertado, desorientado y confundido, y la presencia de aquellos dos tipos solo conseguía que me sintiera más perdido. Se acercaron a mí y me contaron todo lo que sabían. Este es el relato de lo que sucedió años atrás, sobre el ser que se llevo a tu madre:

El 13 de Septiembre de 1923 hubo en España un golpe de Estado. Dos años después, el comandante que encabezó el golpe, creó un directorio militar, asumiendo las funciones del poder ejecutivo. Pero cinco hombres con conocimientos médicos fueron destinados a un almacén, donde se dedicarían a utilizar cobayas humanas para probar todo tipo de experimentos. Esos hombres y mujeres no se presentaron voluntarios para los ensayos, no recibían compensación económica alguna, eran gente que malvivía en la calle o con condenas por delitos más o menos graves, los llevaban a ese horrendo lugar contra su voluntad. Un día llevaron a un joven condenado a prisión por robar una manzana en un puesto de fruta. Aquellos hombres querían darle una lección, ni mucho menos querían hacer pruebas con él, era un joven fuerte y despierto, algo rebelde, pero si le reconducían un poco, podía serles útil para la causa. Le explicaron que querían darle una segunda oportunidad y que solo por ello debía considerarse un joven afortunado. Le dieron a elegir entre dos opciones: quedarse encerrado de por vida en una celda o entrar en un armario durante unas horas para probar su capacidad de resistencia, dejándole a oscuras, sin comida ni bebida. Le prometieron abrir la puerta sin mayor objeción cuando no se viera capaz de seguir resistiendo. ¿Qué le podría antes la fatiga, el hambre o el miedo a la oscuridad? El chico, haciendo un esfuerzo digno de mención aguanto doce horas, entonces, agotado y hambriento pidió salir, pero nadie le respondió, intento derribar la puerta pero fue imposible. Los compañeros habían echado unas cadenas de hierro alrededor de la puerta, aparte de que el armario estaba empotrado en la pared, lo que hacía imposible abrirla desde dentro. Los cinco hombres designados para la causa acordaron abrir la puerta al día siguiente, dejándole encerrado toda la noche, de esa forma el joven de diecinueve años se convertiría en un hombre de pelo en pecho, digno de estar en aquel lugar. A la mañana siguiente, se dirigían al almacén en el furgón que utilizaban cada día para desplazarse, cuando en una recta con perfecta visibilidad, se salieron de la calzada por causas desconocidas, el vehículo se incendió y los hombres quedaron totalmente calcinados. El joven que se encontraba en el armario quedó encerrado allí de por vida. Sin bebida y sin comida, en la más absoluta oscuridad. Años después el edificio fue derruido tras estallar la guerra civil, pero el armario, ese jodido y maldito armario: quedo intacto. Nadie sabía que allí había un hombre, nadie podía saberlo…

—Pero tú conoces la historia, entonces como…

—Aún no he acabado hijo, déjame que te lo acabe de contar todo. —Su hijo asintió, pidiendo disculpas por su interrupción.

Años más tarde de aquello, el nieto de uno de los hombres que habían participado en aquello encontró un diario, el diario de su abuelo. Sus últimas palabras correspondían a la noche anterior antes de que él y sus compañeros fallecieran, hacía mención a aquel macabro escarmiento, en él explicaba con detalle todo lo que hacían en aquella fábrica, incluido lo que le habían hecho a aquel chaval y también lo arrepentido que estaba de hacerle pasar por todo aquello, sabedor de lo lejos que habían llegado con aquel chico.

El nieto de aquel hombre, entregó el diario a las autoridades, por lo que deduje ese diario acabo en manos del ejército, y ese armario…

—Ese armario acabo en el hotel donde estuvisteis alojados mama y tú —concluyó Jhon.

Javier estaba tras la puerta, escuchándolo todo y quedó también aterrado por aquella confesión. Hasta ese momento desconocía algunos detalles del origen de ese ser. Pero, al menos, sabía lo que debía hacer. Lo que su padre no había sido capaz de llevar a cabo: iba a detener a ese monstruo, aunque eso conllevara pactar con el mismísimo Diablo.

PDF: Cierra la Puerta Cap.7

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