Cierra la Puerta: Capítulo 11

11

PORTADA

Después de tanto tiempo, de pasar por un autentico infierno emocional y físico, la vida le condujo; más de tres años después, ante la puerta 2206, la maldita habitación que alejó a Richard del mundo real.

Javier, que se había ausentado unos minutos, apareció ante ellos. Traía entre sus manos un arma pesada. Le paso el testigo a Jhon, él era el encargado de dar el golpe definitivo.

Ernesto, que miró su reloj, añadió algo acongojado:

—¿Sabéis qué hora es, ahora mismo?

El resto miraron sus relojes: las 22:06. Aparentaron no darle demasiada importancia a este hecho. Richard estaba serio, preparado para el combate. El semblante de Jhon parecía albergar miedo y furor a partes iguales. Javier parecía muy seguro de su cometido. Ernesto se llevó la mano al arma, indeciso si le serviría de algo.

Richard abrió la puerta con decisión. Todo estaba a oscuras. Javier se acercó a encender la luz de la habitación cuando de repente las luces del pasillo se apagaron. Ahora estaban totalmente a oscuras. Ernesto sacó una linterna de mano y desenfundo su arma. Orientó a Richard hasta el armario.

—Estoy aquí, venga muéstrate —chilló Richard.

No ocurrió nada. El silencio más aterrador recorrió sus cuerpos. Pero Jhon, que estaba cerca de la puerta de la habitación, siente un liviano silbido cerca de él, algo se dirigió directo hacia Javier y entonces, con un gran estruendo, la puerta de la habitación se cerró violentamente.

—¿Qué coño sucede? —gritó alterado Ernesto, iluminando la puerta con la linterna, pero solo alcanzó a ver el semblante aterrado del hijo de Richard.

—Que está aquí, ya está aquí —comentó Richard nervioso.

—Sabía que algún día os acercaríais a verme —susurró una voz.

Ernesto apunto con su linterna a la cara de Javier, de donde procedía la voz. Tenía la cabeza ligeramente ladeada hacia un costado y le observaba con una aterradora sonrisa. Sus ojos, convertidos en un rojo intenso, parecían sangrar. Levantó las manos en el aire y cuando las bajó, Ernesto salió disparado contra la pared. Quedó suspendido en el aire y boca abajo, cuando intentó en vano escapar de aquella situación; el ser que se había apoderado de Javier, hizo otro movimiento con sus manos y con gran violencia golpeó su cráneo contra el suelo. La pistola, que había quedado suspendida en el aire, explotó, provocando una gran humareda. La linterna se desplazó con una tensa calma hasta iluminar la cara desafiante de Richard.

—A ti te quería yo ver. Llevo mucho tiempo esperando este momento, es hora de que vengas conmigo. Alice te necesita, ven conmigo —pronunció con una estremecedora camaradería.

La linterna, que se movía por la sala al antojo de la mente del monstruo, se detuvo a las puertas del armario. Jhon supo que era su turno. Tenía el mazo proporcionado por Javier y estaba preparado para destruir el armario. Salió de su escondite y se dirigió al halo de luz. Cuando se disponía a destruirlo, una fuerza sobrehumana consiguió paralizarle. El ser oscuro, movido por su maldad y un odio visceral hacia el ser humano, empezó a asfixiar al joven Jhon, el mazo cayó al suelo y él comenzó a palidecer.

Richard, fuera de sí, se tiró con violencia sobre el cuerpo de Javier. Eso permitió a Jhon recuperar a duras penas el aliento, recogió el mazo, lo alzó de nuevo en el aire y se preparó para destruirlo.

—¡No lo hagas! ¡Nunca recuperaras a tu madre!

—¡Hazlo, hijo! ¡No le escuches!—chilló Richard, sujetando con todas sus fuerzas al engendro que se había apoderado del cuerpo de Javier.

Jhon se concentro en su objetivo y cuando ya iniciaba el movimiento para golpear el centro del armario, las puertas se abrieron y asomo una figura de mujer, alguien que Jhon reconoció al instante. Richard se quedo atónito al ver quien apareció tras ella.

Con gran esfuerzo, la mujer consiguió salir, apoyándose en la pared. Jhon, con lágrimas en los ojos, tiró el mazo lejos de su alcance y corrió a auxiliarla.

Richard no podía creerlo, después de tanto tiempo, de tantas pesadillas y sueños malditos en los que nunca regresaría, allí estaba ella: Alice.

Se olvidó por completo de su adversario, y una gran sonrisa se iluminó en el rostro de ese ser maligno. Estaba más cerca de llevárselos a todos a su oscuro mundo, de robarles su alma. Había ganado la partida.

PDF: Cierra la Puerta Cap.11

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s