Cierra la puerta: Capítulo 13

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Jhon no podía creer lo que estaba observando. Ese hombre se había comportado fenomenal con él al llegar a la ciudad. Le había acogido en su casa. Era el amigo de su padre…

Ese bicho arrastró el cuerpo de Ernesto al fondo del armario. Después saltó tras él, perdiéndose tras la negrura. Al marcharse; como si la oscuridad solo fuera propiedad suya, la luz regresó.

Javier estaba frente a ellos y les apuntaba con el arma. Su amigo y ex-director del hotel estaba ayudando a ese ente maligno. ¿Por qué? Miró a su familia como pidiéndoles disculpas.

—No me juzguéis con dureza, es una cuestión de prioridades.

—¿Una cuestión de prioridades? —repitió desconcertado Richard.

—Sí, amigo mío. De veras, me sabe mal esto pero…no me queda más remedio.

—Pero…no puedo entenderlo, tú…tú querías acabar con todo esto tanto como yo.

—Por eso, amigo. Por eso, lo hago. Voy a contarte algo —se acercó hasta donde estaban y se agachó junto a ellos—. Esto que os voy a contar ahora, es todo lo que he tenido que soportar desde que esa cosa existe. La verdad es que lo conocía antes de que tú y Alice llegarais a mi hotel. Esta es la verdad sobre lo que sé acerca de ese monstruo:

“Después de muchísimos años del relato que te narraron los hombres del ejército, mi padre se hizo con el edificio derruido durante la guerra civil, ese edificio donde se llevaron a cabo múltiples y horrorosos experimentos con seres humanos. Mi padre encontró un armario, el armario que te mencionaron aquellos hombres. Y sí, se topo con unos huesos humanos en ese armario. Yo no supe nada de eso, hasta que me lo confeso pocos días antes de fallecer. Pero me dijo que sintió una extraña atracción por aquel armario, que no podía desprenderse de él, se deshizo de los huesos, y aprovechó el armario para colocarlo en su despacho. Mintió a esos hombres que le interrogaron del ejército, no quería meterse en líos, imaginaros si les decía que se había deshecho de unos huesos humanos, las consecuencias que podrían haberle acarreado hubieran sido terribles. Al principio todo fue bien, pero una noche uno de los hombres que trabajaban en el hotel desapareció sin dejar rastro. Cosas extrañas comenzaron a pasar en el hotel poco después de eso, varios huéspedes dijeron haber sentido una presencia por la noche, otros relataban como se encendían aparatos eléctricos sin más, y el susto más grande fue cuando un niño estuvo a punto de desaparecer, según relato su madre: por un hombre que salió del armario de su habitación. Mi padre tomó cartas en el asunto, a pesar de que el armario estaba en su despacho, se deshizo de él, no creía en cosas paranormales, pero prefirió no aventurarse y lo destruyó, con la misma maza que os he proporcionado, y decidió sellar con llave la habitación donde el niño estuvo a punto de desaparecer: la 2206. Pero había algo más, algo que confesó en su diario personal, y que yo leí unos días después de su muerte: había una extraña criatura en el edificio que necesitaba alimentarse cada cierto tiempo de las almas de inocentes humanos. Al principio pensé que mi padre había enloquecido al escribir aquella majadería. No lo podía creer. Como digo, unos días después de su fallecimiento por un ataque de corazón, encontré aquel diario. Una noche me encontraba en su despacho, mirando una foto suya y llorando su pérdida, cuando algo se acerco a mi sigilosamente. Una figura horrenda, con la cara desfigurada, me atrajo hacía él. Pensé que moriría, pero solo se acerco a mí, sonriendo; después de mirarme fijamente durante unos interminables segundos, se alejo. Cuando llegue a casa, esa misma noche, estaba al borde de un ataque de nervios. Tenía que pensar en algo, pedir ayuda o algo así…pero antes de que pudiera decidirme, alguien llamó a mi puerta. Era un hombre que jamás había visto en mi vida y me hizo una sola petición: Un alma cada 60 días. Sonrío, fue una sonrisa perturbadora. Desde entonces yo le fui proporcionando esas almas, hombres que malvivían en la calle, a los que conseguía convencer para pasar una noche en el hotel, en la habitación 2206. Era gente sin hogar, así que la posibilidad de poder dormir en una habitación con una cómoda cama, en especial en las frías noches de invierno, convencía hasta el más escéptico. Hasta que llego ese jodido día en la que tu mujer y tú os presentasteis en mi hotel, y un joven y despistado recepcionista os proporciono la habitación equivocada. Pero él se obsesiono contigo, ya no quería más almas, solo la tuya, por eso durante este tiempo no acabo con tu mujer, digamos que era como un secuestro, te quería a ti, él quería tú alma. Me prometió acabar con esta pesadilla, si conseguía traerte de vuelta. ¿Cómo convencerte? Cuando me entere que el hotel iba a ponerse de nuevo en pie, vi la oportunidad que tanto ansiaba, acabar por fin con toda esta pesadilla.”

Richard miró al que creía su amigo con temor, pero también con repulsa, al fin y al cabo, no era más que un asesino y un cobarde.

—¿Esa cosa, si no es el hombre que quedo encerrado en el armario, que coño es? —preguntó entonces Jhon.

—Bueno, es una pregunta complicada. Yo apostaría por decir que es el alma atormentada de alguno de los hombres con los que practicaron aquellos macabros experimentos.

Alice, que hasta el momento había permanecido abrazada a su esposo, se aparto ligeramente de él y se encaro con Javier.

— ¿Crees que esto acabara cuando consiga el alma de mi esposo? —preguntó furiosa Alice—. Te equivocas, llevo mucho tiempo rondando su mundo oscuro, he sentido todo su odio y su furia en mi corazón, esto no acabara, a menos que nosotros acabemos con él.

Javier se quedo mirándola durante unos segundos, dubitativo. Pero ya no podía dar marcha atrás, había llegado demasiado lejos, así que les obligo a ponerse en pie, y apuntó con su arma en dirección al armario. No vio que algo estaba tras él, a su acecho.

Entonces, sin esperarlo, algo le agarró por detrás y lo alzó en el aire.

—¿Qué, que haces? —preguntó totalmente aterrado. ¡Suéltame! —le exigió. ¡He cumplido con mi parte! —gritó desesperado.

Una luz blanca salió expulsada del cuerpo de Javier, y, literalmente, esa cosa se la comió. Javier cayó desplomado al suelo. Lo cogió por la pechera y lo tiró al fondo, bien al fondo del armario.

PDF: Cierra la Puerta Cap.13

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6 comentarios en “Cierra la puerta: Capítulo 13

    • jajaja!! Pero es lógico, estabas en mi país de vacaciones, lo que toca cuando uno visita un país es moverse y conocer ese sitio, y aparcar un poco el ordenado (no mucho que si no se enfada, jeje).Gracias por tus palabras, no me considero así, pero igualmente son muy bien recibidas y realmente agradecido. Feliz día Lili!! 😀

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