Cierra la Puerta: Capítulo 15

15

PORTADA

Aquel infame ser, salido de su mundo tenebroso, volvería a ganar la batalla a esos mediocres seres terrenales. Todo estaba de su lado. Le divertía tanto la idea de haber jugado al gato y al ratón con esos pobres estúpidos. Una jugada maestra. Nunca quiso el alma de aquel hombre, ni del joven, no le pertenecían. Pero la de aquella mujer llamada Alice, sí. En su momento, mucho tiempo atrás, el había pertenecido al mundo de esos hombres y mujeres a los que ahora observaba desde su posición privilegiada. A él le habían arrebatado todo, su vida, su alma, su dignidad. Habían llevado con él infinidad de experimentos, perversos y dolorosos. Le habían transformado en lo que era hoy día. Desde entonces, juró venganza. Tenía derecho a devolver esa misma jugada a la humanidad, de robarles su esencia, absorberla y hacer de él un ser más poderoso. Nadie podría detenerle. Nunca.

Alice no tenía fuerzas para pelear, estaba condenada al ostracismo de por vida. En la otra punta de la habitación, Richard; tirado en el suelo, herido y con las fuerzas en un estado lamentable, observaba desde el suelo impotente como su mujer volvía a estar en manos de ese monstruo imperturbable, que se la llevaba de rastras de nuevo hacía la oscuridad.

Richard, señaló con el dedo lo que ocurría tras él.

—¡Mama! —chilló Jhon al darse cuenta. Salió corriendo desesperado a evitar que su madre volviera a desaparecer.

Agarro a su madre por el brazo, e hizo fuerza tirando hacia atrás de ella. Pero esa cosa era más poderosa que el joven Jhon, y los arrastraba a los dos hacía ese maldito y oscuro lugar. Alice sabía lo que tenía que hacer para salvar a su hijo, lo mismo que había hecho tres años antes para salvar a su esposo. Cuando estuvieron al borde del armario; que se alzaba enorme y tenebroso sobre ellos, empujó a su hijo fuera de semejante condena a perpetuidad.

El monstruo de cara deforme, sonrió complacido. Se sentía superior a esos humanos, y habría sido imposible que saliera derrotado, pero no podía negar que estaba gozoso del resultado final.

Se giró para lanzar el cuerpo de Alice al fondo del lúgubre armario y se topo de bruces con Richard. ¿Cómo podía haberse puesto en pie?, se preguntó algo inquieto. Sujetaba algo entre sus brazos. Lo levantó en alto y lo bajo con violencia contra él. Ese hombre, aquel insignificante ser humano, pronuncio unas palabras, que por primera vez en mucho tiempo le hicieron sentir temor.

—Se acabó el juego.

Le bateó con el mazo en la cocorota con enorme furia. La figura oscura, aterradora e invencible, ya no lo parecía tanto en ese momento.

El golpe lo había partido en dos.

Francisco, el director del hotel y Alex, el chico que estaba ese día como guarda de seguridad en la puerta del hotel, consiguieron por fin abrir la puerta y asistieron estupefactos a lo que estaba ocurriendo en aquel lugar, en ese mismo instante. Un espectáculo grotesco de una figura infernal que luchaba por no descomponerse, pero que no pudo más que emitir un chillido agudo y diabólico antes de evaporarse.

Y todo terminó.

Richard quedo de pie, sujetando el mazo entre sus brazos y la mirada perdida en el infinito.

Jhon desde el suelo, empezó a reír, una risa nerviosa, controlada, pero también esperanzada.

Alice estaba llorando, en esas lágrimas iban una mezcla de emociones y sensaciones diversas, pero todas ellas incontrolables.

Alex tenía las manos en la boca, sobrecogido por lo que acaba de presenciar.

Y Francisco, que había permanecido en estado de shock y en silencio, comenzó a mover la cabeza en forma de negación, se oponía a creer lo que sus ojos le habían mostrado.

—Hemos de marcharnos de aquí, inmediatamente —les ordeno, Richard, mirando a su mujer y a su hijo. Se acercó a Francisco y le dijo—: Por favor, nosotros no hemos estado aquí. Déjenos marchar o esto no acabara nunca. Francisco le miró; no parecía el mismo, y asintió—. Gracias —dijo complacido Richard.

Se abrazó a su familia, y los tres salieron por última vez de aquel lugar de pesadilla. Richard se permitió pensar que por fin todo había acabado.

Ya en el aeropuerto, sacaron los billetes para un vuelo que partía hacía Irlanda en media hora, aproximadamente. Observó a su mujer, que parecía haber recobrado mínimamente un poco de vida, después de esa larga travesía en un mundo lleno de oscuridad.

—Prometerme una cosa, chicos —dijo dirigiéndose a su marido y a su hijo—. Prometerme que nunca me preguntaréis por lo que me ha tocado vivir estos tres años, que nunca más volveremos a hablar de este tema.

—Prometido —contestaron los dos a la vez.

De hecho, resultó un alivio para ambos no tener que volver a hablar de lo sucedido.

Richard se acercó a una de las tiendas del Aeropuerto para comprar unas botellas de agua. Se entretuvo unos segundos ojeando los periódicos del día cuando un hombre de mediana edad y con un frondoso bigote charlo animadamente con él.

—¿Usted no es de por aquí, verdad? —preguntó el hombre después de conversar acerca del tiempo.

—No, señor. Soy irlandés.

—Irlanda…tierra de mitos y leyendas. ¿Alguna vez se ha topado con alguno de esos seres mágicos que rondan esa región?

—Le sorprendería si le dijera que he visto más cosas extrañas aquí que en mi país.

—Para nada, amigo. Nunca se sabe donde uno puede encontrarse con cosas que escapan a su juicio. Al fin y al cabo, vivimos en un mundo falto de razón, donde constantemente asistimos a cosas difíciles de entender. —El hombre miró su reloj y añadió:— Le dejo, caballero. Saludos a su mujer y a su hijo —se despidió, al tiempo que iniciaba la marcha.

—¿Cómo sabe que tengo mujer e hijo? —preguntó extrañado Richard, aunque fue casi un susurro.

El hombre se giró y sonrió, una sonrisa que Richard reconoció y que jamás olvidaría.

PDF: Cierra la Puerta Cap.15

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2 comentarios

    • mil gracias!! Me alegro que haya conseguido atraparte, la verdad es que me apetecía escribir una historia así, ofreciendola en exclusiva para toda la gente que lee y sigue el blog, en definitiva, para todos mis amigos/as del blog!

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